lunes, 29 de junio de 2015

10. EN MEDIO DE LA SELVA



EN MEDIO DE LA SELVA.

Y de pronto abrí los ojos  y por la ventana del autobús se veía un panorama pletórico, miles y miles de hectáreas convertidas en selva.

El pasado miércoles salimos de un clima fresco y de un ambiente boscoso como el de San Cristóbal de las Casas para adentrarnos  en el calor de la selva, nuestra primera experiencia en la jungla fue en Palenque, Chiapas,  tomamos un autobús en la noche con la idea de llegar allá temprano en la mañana.  Durante el trayecto yo me dormí y ya cuando comenzaba a salir el sol, abrí los ojos y lo que vi me hizo sonreír, era una reacción natural al ver la maravilla del paisaje pues todo era selva. En cuanto  bajamos se sintió un calor infernal, de inmediato guardamos nuestras chamarras (chumpas, como le dicen en Guatemala) y no las hemos vuelto a usar, solamente como almohada.


 


En Palenque nos tocó visitar la zona arqueológica, la cual se encuentra en medio de la selva,  desde que llegas se siente el sonido de los insectos, y conforme te vas adentrando el sonido del mono zaraguato, el cual es impactante pues pareciera ser el de un felino. Las edificaciones mayas de esa zona son impresionantes: en el templo de las Inscripciones se han encontrado una gran cantidad de glifos de donde se ha extraído mucha información sobre la cultura maya, y donde se llevó a cabo un hallazgo de suma importancia como era la tumba de Pakal, también hay un conjunto habitacional y otros templos con características muy especiales, en medio de la ciudad corre un río y la naturaleza es inmensa. Cruzamos el río por el puente y nos adentramos más a la selva, allí se encontraban otros templos y luego bajamos por un sendero que conducía a los baños de la reina, donde pudimos encontrar una hermosa cascada y una pirámide con vista a esa misma caída de agua,  seguimos caminando admirando los olores de algunas plantas algunos muy agradables pero otros algo amargos, pero hay uno muy peculiar que es el del Cedro, un árbol que huele muy fuerte, hay quien dice que huele a almuerzo,  otros a frijoles de lata, yo no lo puedo clasificar aún, pero es un aroma que  aun cuando vas en el auto lo puedes distinguir; durante todo el trayecto se sentía un calor húmedo que nos hacía sudar y sudar. Finalmente terminamos el recorrido y tomamos el transporte de regreso y pudimos seguir apreciando la grandeza de la selva, hasta que llegamos de nuevo a la ciudad de Palenque la cual fue fundada por Fray Pedro Lorenzo de la Nada junto con los indígenas choles quienes han sido los que habitan esta área de la selva Lacandona en el sur de México.




Al siguiente día cruzamos a Guatemala y el segundo día que estuvimos en este hermoso país tuvimos la oportunidad de visitar la ciudad maya de Tikal (ciudad de las voces), aquí la naturaleza es aún más impresionante, pues dicha ciudad implica estar dentro de la misma selva, es un viaje mágico pues aparte de ver la selva en todo su esplendor también puedes apreciar una joya arquitectónica de los mayas, una ciudad edificada sobre un terreno casi plano, el cual ahora tiene que ser explorado por etapas para no acabar con el ecosistema que allí vive. En Tikal hacía un calor bastante húmedo a pesar de que el cielo estaba nublado,  allí nos encontramos con una flora y fauna muy rica; desde que entras al parque hay un estanque de agua habitado por cocodrilos, posteriormente hay varios letreros explicativos sobre las especies que viven en ese lugar, pero aunque uno pudiera pensar que solo es información, durante el trayecto puedes ir descubriendo animales libres que allí habitan, solamente nos faltó ver un jaguar, porque casi todo los demás animales si los pudimos ver en vivo y a todo color; vimos monos aulladores (incluso una madre cargando a su cría), monos araña, pizotes (tejones),  tucanes, gatos montés,  guajolotes silvestre, pájaro péndulo o reloj, nidos gigantes de aves llamadas zacuas, y algunos otros que se me pudieran escapar. En cuanto a la diversidad de la flora desde que llegas te recibe una enorme ceiba ancestral, el olor del cedro característico, árbol de pimienta, un árbol frutal que da unos frutos llamados cojones de caballo los cuales sirven de alimento para las aves,  y un sinfín de árboles y plantas difíciles de enumerar que le dan el característico color verde y natural a dicho lugar.  A nuestro paso también pudimos observar algunos insectos bastante raros como ciempiés, chapulines negros, hormigas, mosquitos, etc.; así como algunos hongos que crecen en la corteza de los árboles, unos incluso en forma de flagelos alargados, y otros con colores fosforescentes.  Pero lo que más me gustó de Tikal fue subir al templo IV, el más alto de la zona para poder apreciar desde allí la majestuosa vista de una selva sin fin; allá arriba todo es paz, los sonidos de la naturaleza te absorben mientras que tus pupilas se alimentan de una vista magistral de la selva y de las puntas de las pirámides más altas de la zona,  para con esto echar a volar tu imaginación de lo que habrá sido para los mayas el haber llevado sus vidas en ese lugar. 
Palenque y Tikal son dos joyas arqueológicas de los mayas, que al estar ubicadas en medio de la selva se convierten en experiencias totalmente sorprendentes.

Escrito por David Herrera
 28 de junio de 2015.










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