EN MEDIO DE LA SELVA.
Y de pronto abrí los ojos y por la ventana del autobús se veía un
panorama pletórico, miles y miles de hectáreas convertidas en selva.
El pasado miércoles salimos de un clima fresco y de un ambiente boscoso
como el de San Cristóbal de las Casas para adentrarnos en el calor de la selva, nuestra primera
experiencia en la jungla fue en Palenque, Chiapas, tomamos un autobús en la noche con la idea de
llegar allá temprano en la mañana.
Durante el trayecto yo me dormí y ya cuando comenzaba a salir el sol,
abrí los ojos y lo que vi me hizo sonreír, era una reacción natural al ver la
maravilla del paisaje pues todo era selva. En cuanto bajamos se sintió un calor infernal, de
inmediato guardamos nuestras chamarras (chumpas, como le dicen en Guatemala) y
no las hemos vuelto a usar, solamente como almohada.
En Palenque nos tocó visitar la zona arqueológica, la cual se encuentra
en medio de la selva, desde que llegas
se siente el sonido de los insectos, y conforme te vas adentrando el sonido del
mono zaraguato, el cual es impactante pues pareciera ser el de un felino. Las
edificaciones mayas de esa zona son impresionantes: en el templo de las
Inscripciones se han encontrado una gran cantidad de glifos de donde se ha
extraído mucha información sobre la cultura maya, y donde se llevó a cabo un
hallazgo de suma importancia como era la tumba de Pakal, también hay un conjunto
habitacional y otros templos con características muy especiales, en medio de la
ciudad corre un río y la naturaleza es inmensa. Cruzamos el río por el puente y
nos adentramos más a la selva, allí se encontraban otros templos y luego
bajamos por un sendero que conducía a los baños de la reina, donde pudimos
encontrar una hermosa cascada y una pirámide con vista a esa misma caída de
agua, seguimos caminando admirando los
olores de algunas plantas algunos muy agradables pero otros algo amargos, pero
hay uno muy peculiar que es el del Cedro, un árbol que huele muy fuerte, hay
quien dice que huele a almuerzo, otros a
frijoles de lata, yo no lo puedo clasificar aún, pero es un aroma que aun cuando vas en el auto lo puedes distinguir;
durante todo el trayecto se sentía un calor húmedo que nos hacía sudar y sudar.
Finalmente terminamos el recorrido y tomamos el transporte de regreso y pudimos
seguir apreciando la grandeza de la selva, hasta que llegamos de nuevo a la
ciudad de Palenque la cual fue fundada por Fray Pedro Lorenzo de la Nada junto
con los indígenas choles quienes han sido los que habitan esta área de la selva
Lacandona en el sur de México.
Al siguiente día cruzamos a Guatemala y el segundo día que estuvimos en
este hermoso país tuvimos la oportunidad de visitar la ciudad maya de Tikal
(ciudad de las voces), aquí la naturaleza es aún más impresionante, pues dicha
ciudad implica estar dentro de la misma selva, es un viaje mágico pues aparte
de ver la selva en todo su esplendor también puedes apreciar una joya
arquitectónica de los mayas, una ciudad edificada sobre un terreno casi plano,
el cual ahora tiene que ser explorado por etapas para no acabar con el
ecosistema que allí vive. En Tikal hacía un calor bastante húmedo a pesar de
que el cielo estaba nublado, allí nos
encontramos con una flora y fauna muy rica; desde que entras al parque hay un
estanque de agua habitado por cocodrilos, posteriormente hay varios letreros
explicativos sobre las especies que viven en ese lugar, pero aunque uno pudiera
pensar que solo es información, durante el trayecto puedes ir descubriendo
animales libres que allí habitan, solamente nos faltó ver un jaguar, porque
casi todo los demás animales si los pudimos ver en vivo y a todo color; vimos
monos aulladores (incluso una madre cargando a su cría), monos araña, pizotes
(tejones), tucanes, gatos montés, guajolotes silvestre, pájaro péndulo o reloj,
nidos gigantes de aves llamadas zacuas, y algunos otros que se me pudieran
escapar. En cuanto a la diversidad de la flora desde que llegas te recibe una
enorme ceiba ancestral, el olor del cedro característico, árbol de pimienta, un
árbol frutal que da unos frutos llamados cojones de caballo los cuales sirven
de alimento para las aves, y un sinfín
de árboles y plantas difíciles de enumerar que le dan el característico color
verde y natural a dicho lugar. A nuestro
paso también pudimos observar algunos insectos bastante raros como ciempiés,
chapulines negros, hormigas, mosquitos, etc.; así como algunos hongos que
crecen en la corteza de los árboles, unos incluso en forma de flagelos
alargados, y otros con colores fosforescentes.
Pero lo que más me gustó de Tikal fue subir al templo IV, el más alto de
la zona para poder apreciar desde allí la majestuosa vista de una selva sin fin; allá
arriba todo es paz, los sonidos de la naturaleza te absorben mientras que tus
pupilas se alimentan de una vista magistral de la selva y de las puntas de las
pirámides más altas de la zona, para con
esto echar a volar tu imaginación de lo que habrá sido para los mayas el haber
llevado sus vidas en ese lugar.
Palenque y Tikal son dos joyas arqueológicas de los mayas, que al estar
ubicadas en medio de la selva se convierten en experiencias totalmente
sorprendentes.
Escrito por David Herrera
28 de junio de 2015.
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