DESPUES DE LA TORMENTA VIENE LA
CALMA.
Algunas veces la paz se encuentra
en los lugares menos pensados.
Después de haber tenido una experiencia desagradable y confusa para
llegar a la frontera de Honduras, el miércoles 23 de junio todo cambió. Mi
tocayo David, Luis y yo nos levantamos a las cinco de la mañana en el poblado
de Jocotán todavía del lado guatemalteco y comenzamos la aventura hacia la zona
arqueológica de Copán en Honduras.
Antes de las seis ya estábamos en el transporte que nos llevaría hasta
la frontera de Honduras, hicimos poco más de media hora, luego pasamos
migración del lado guatemalteco, donde un señor muy amable nos recomendó entrar
a los túneles en la zona arqueológica de Copán, posteriormente comenzaron a
ofrecernos cambiar quetzales por lempiras (moneda local hondureña que toma su
nombre de una tribu con ese nombre),
para luego pasar la aduana hondureña, dicha aduana era mucho más
parecida a la aduana de estados unidos, allí nos tomaron las huellas digitales,
foto al entrar y nos cobraron en dólares. Después de cruzar la frontera
caminamos unos cuarenta metros a un techito donde había unas combis, una de
ellas iba rumbo a Copán; mientras esperábamos a que saliéramos, desayunamos
unas baleadas (burritos en tortilla de harina de huevo con frijoles negros
acompañados con repollo, cebolla morada y salsa de tomate). Cuando llegamos a
Honduras íbamos un poco desconfiados con la gente que íbamos a encontrar, pero
de inmediato se sintió la calidez y amabilidad de las personas. A las ocho de la
mañana llegamos al pueblo de Copán, mientras Luis fue a buscar una bandera
hondureña, una señora de una tienda nos dijo que debíamos de tomar un tuk tuk
(taxi motorizado muy común en tierras mesoamericanas) y que nos debería de
cobrar veinte lempiras (veinte pesos mexicanos aproximadamente). Así que en
cuanto regresó Luis seguimos el camino hacia la zona arqueológica; al llegar
nos sorprendió lo caro de los precios para extranjeros los cuales estaban en
dólares, pero decidimos pagar tanto la entrada a la zona como la experiencia de
los túneles pues nos habían dicho que era algo que no se veía en otras ruinas
mayas.
Comenzamos nuestro recorrido con las maletas en la espalda, pero al
entrar a la zona arqueológica pudimos despojarnos de nuestras maletas, en un
hecho simbólico pues también dejamos atrás todo ese mal viaje del día anterior.
Al entrar nos recibieron unas guacamayas rojas bastante grandes que andaban
sueltas y que solo se acercaban a esa zona porque allí les tenían comida, pero
que iban a vigilar nuestra visita todo el tiempo. La verdad nunca nos
imaginamos lo que Copán nos iba a mostrar, después de tomar un sendero donde un
señor hondureño nos dio la bienvenida y nos orientó, decidimos bajar a la gran
plaza, un lugar majestuoso por todos los detalles que tiene y por toda la información que aporta a la cultura
maya, un verdadero sueño para cualquier antropólogo. Para comenzar nos tocó ver
la escalinata de los jeroglíficos, la cual contiene la escritura más extensa
que hasta el momento se haya encontrado en un sitio maya, 63 escalones totalmente
cubiertos por glifos, a un costado se encontraba un juego de pelota y en el
costado un edificio con una escultura de un águila impresionante. Enfrente se encontraba la plaza de las quince
estelas, las cuales eran esculturas en honor a las deidades de más de dos metros de altura, las cuales
presentan un arte algo surrealista y con una cantidad exagerada de detalles,
también había esculturas en forma de cabezas de guacamayas y algunos
caparazones. De allí subimos a otra zona
y allí comenzaron a brotar detalles por todos lados, incluso las piedras a los
lados de las ruinas contenían glifos o figuras; había figuras de guacamayas, pescados, pies, monos, cocodrilos,
manos, incluso algunas con forma de elefantes, algo inexplicable, entre miles
de otras formas.
Otro aspecto palpable en esta zona era el sistema de desagüe con el que
funcionaba esta ciudad en tiempos ancestrales, pues en las plazas principales,
así como en las zonas de las orillas donde se supone que vivía el pueblo
también se encontraban piedras en forma de canal para que corriera el agua.
Pero finalmente llegamos a la Acrópolis o patio de los jaguares,
(llamada así por unas esculturas caricaturescas de dos jaguares que pareciera
que están bailando) lugar donde se
encuentran los túneles. Allí un policía de la zona me explico que en algunas
partes de esa pirámide se podía ver el acabado original, el cual consistía en
una especie de cal combinada con colores naturales, principalmente el rojo, y
con el polvo arenoso que dejaba la piedra al ser esculpida para poder revestir
los templos; por otro lado el oficial nos explicó lo que eran los túneles, los
cuales fueron hechos por los antropólogos pero que al hacerlos se encontraron
con el descubrimiento de que las edificaciones se habían ido construyendo por
etapas generacionales. En dichos túneles se sentía una vibra especial, había
algunas esculturas que pertenecieron a las edificaciones en algún punto, varios
mascarones de guacamaya, y al final
había un baño que consistía en un cuadro con un desagüe que salía al exterior
por medio de canales de agua.
La gran cantidad de detalles en Copán la convierten en una de las zonas mayas
con mayor cantidad de información para ser analizada, una verdadera sorpresa
para nosotros el poder regresar
Guatemala después de haber
visitado dicho lugar, así como el haber comprobado que la gente hondureña son
muy buenas personas, y que ellos quieren cambiar la impresión que se tiene de
su país.
Escrito por David Herrera
29 de Junio de 2015.
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