martes, 30 de junio de 2015

12. DESPUES DE LA TORMENTA VIENE LA CALMA





DESPUES DE LA TORMENTA VIENE LA CALMA.

Algunas veces la paz se encuentra en los lugares menos pensados.





Después de haber tenido una experiencia desagradable y confusa para llegar a la frontera de Honduras, el miércoles 23 de junio todo cambió. Mi tocayo David, Luis y yo nos levantamos a las cinco de la mañana en el poblado de Jocotán todavía del lado guatemalteco y comenzamos la aventura hacia la zona arqueológica de Copán en Honduras.
Antes de las seis ya estábamos en el transporte que nos llevaría hasta la frontera de Honduras, hicimos poco más de media hora, luego pasamos migración del lado guatemalteco, donde un señor muy amable nos recomendó entrar a los túneles en la zona arqueológica de Copán, posteriormente comenzaron a ofrecernos cambiar quetzales por lempiras (moneda local hondureña que toma su nombre de una tribu con ese nombre),  para luego pasar la aduana hondureña, dicha aduana era mucho más parecida a la aduana de estados unidos, allí nos tomaron las huellas digitales, foto al entrar y nos cobraron en dólares. Después de cruzar la frontera caminamos unos cuarenta metros a un techito donde había unas combis, una de ellas iba rumbo a Copán; mientras esperábamos a que saliéramos, desayunamos unas baleadas (burritos en tortilla de harina de huevo con frijoles negros acompañados con repollo, cebolla morada y salsa de tomate). Cuando llegamos a Honduras íbamos un poco desconfiados con la gente que íbamos a encontrar, pero de inmediato se sintió la calidez y amabilidad de las personas. A las ocho de la mañana llegamos al pueblo de Copán, mientras Luis fue a buscar una bandera hondureña, una señora de una tienda nos dijo que debíamos de tomar un tuk tuk (taxi motorizado muy común en tierras mesoamericanas) y que nos debería de cobrar veinte lempiras (veinte pesos mexicanos aproximadamente). Así que en cuanto regresó Luis seguimos el camino hacia la zona arqueológica; al llegar nos sorprendió lo caro de los precios para extranjeros los cuales estaban en dólares, pero decidimos pagar tanto la entrada a la zona como la experiencia de los túneles pues nos habían dicho que era algo que no se veía en otras ruinas mayas.
Comenzamos nuestro recorrido con las maletas en la espalda, pero al entrar a la zona arqueológica pudimos despojarnos de nuestras maletas, en un hecho simbólico pues también dejamos atrás todo ese mal viaje del día anterior. Al entrar nos recibieron unas guacamayas rojas bastante grandes que andaban sueltas y que solo se acercaban a esa zona porque allí les tenían comida, pero que iban a vigilar nuestra visita todo el tiempo. La verdad nunca nos imaginamos lo que Copán nos iba a mostrar, después de tomar un sendero donde un señor hondureño nos dio la bienvenida y nos orientó, decidimos bajar a la gran plaza, un lugar majestuoso por todos los detalles que tiene y por  toda la información que aporta a la cultura maya, un verdadero sueño para cualquier antropólogo. Para comenzar nos tocó ver la escalinata de los jeroglíficos, la cual contiene la escritura más extensa que hasta el momento se haya encontrado en un sitio maya, 63 escalones totalmente cubiertos por glifos, a un costado se encontraba un juego de pelota y en el costado un edificio con una escultura de un águila impresionante.  Enfrente se encontraba la plaza de las quince estelas, las cuales eran esculturas en honor a las deidades de  más de dos metros de altura, las cuales presentan un arte algo surrealista y con una cantidad exagerada de detalles, también había esculturas en forma de cabezas de guacamayas y algunos caparazones. De allí  subimos a otra zona y allí comenzaron a brotar detalles por todos lados, incluso las piedras a los lados de las ruinas contenían glifos o figuras; había figuras de  guacamayas, pescados, pies, monos, cocodrilos, manos, incluso algunas con forma de elefantes, algo inexplicable, entre miles de otras formas.

 
Otro aspecto palpable en esta zona era el sistema de desagüe con el que funcionaba esta ciudad en tiempos ancestrales, pues en las plazas principales, así como en las zonas de las orillas donde se supone que vivía el pueblo también se encontraban piedras en forma de canal para que corriera el agua.
Pero finalmente llegamos a la Acrópolis o patio de los jaguares, (llamada así por unas esculturas caricaturescas de dos jaguares que pareciera que están bailando)  lugar donde se encuentran los túneles. Allí un policía de la zona me explico que en algunas partes de esa pirámide se podía ver el acabado original, el cual consistía en una especie de cal combinada con colores naturales, principalmente el rojo, y con el polvo arenoso que dejaba la piedra al ser esculpida para poder revestir los templos; por otro lado el oficial nos explicó lo que eran los túneles, los cuales fueron hechos por los antropólogos pero que al hacerlos se encontraron con el descubrimiento de que las edificaciones se habían ido construyendo por etapas generacionales. En dichos túneles se sentía una vibra especial, había algunas esculturas que pertenecieron a las edificaciones en algún punto, varios mascarones de guacamaya,  y al final había un baño que consistía en un cuadro con un desagüe que salía al exterior por medio de canales de agua.



La gran cantidad de detalles en  Copán la convierten en una de las zonas mayas con mayor cantidad de información para ser analizada, una verdadera sorpresa para nosotros el poder regresar  Guatemala después de  haber visitado dicho lugar, así como el haber comprobado que la gente hondureña son muy buenas personas, y que ellos quieren cambiar la impresión que se tiene de su país.

Escrito por David Herrera
29 de Junio de 2015.

No hay comentarios:

Publicar un comentario